LEYENDA
ORIGEN DE LA RAZA CRIOLLA
El
doctor Emilio Solanet, egresado de la facultad
de agronomía y veterinaria.
Gran propulsor estudia las características
de estos animales, realiza los primeros estudios
biológicos y llega a la conclusión
de que en Patagonia se encontraban ejemplares
sin cruzamiento alguno, y con características
propias.
Viaja a principios del siglo xx, hacia el sur
de la provincia del Chubut en busca de dar continuidad
a esta noble raza.
En la Estancia El Relincho de propiedad de Adán
García, se estableció una estrecha
relación con los aborígenes y desarrollaron
la cría del caballo criollo. De ahí
salieron los famosos Gato y Mancha, que en 1920
unieron Buenos Aires con Nueva York con el suizo
apaisanado Tchieffely
GATO
Y MANCHA
Ya Charles Darwin, en su visita por nuestro territorio,
ponderaba la habilidad de los jinetes y la calidad
de nuestros caballos, pero un 24 de abril de 1925
el Caballo Criollo entraría en la historia,
pues desde Buenos Aires comenzaba una de las travesías
más famosas del siglo.
Ayacucho, 1880. Don Felipe Solanet y su señora
Emilia G. Testevín fundan la
estancia "El Cardal". En 1911, el Dr.
Emilio Solanet, selecciona y trae del sudoeste
del Chubut un notable lote de padrillos y yeguas
indias de las manadas criollas marca del Corazón,
célebres animales pertenecientes a la tribu
de los indios tehuelches Liempichún.
El
propulsor y creador de la raza Criolla: Emilio
Solanet, le regala dos caballos al profesor suizo
Aimé Félix Tschiffely: Gato (16)
y Mancha (15).
Partieron desde la Sociedad Rural, en Palermo.
"Son conocidos los antecedentes de los señores
Pedro y Emilio Solanet como criadores del caballo
criollo. Trajeron del extremo sur de la república,
un lote selecto de yeguas indias, y sobre esta
base formaron un plantel de animales cuyos descendientes
son los campeones actuales. Salvaron así,
una raza útil que desaparecía olvidada
entre los indios". La Nación, 20 de
Agosto de 1925. Tschiffely
estaba convencido de la fortaleza de los rústicos
y nada estilizados caballos criollos, y quería
demostrarlo.
"Mancha
era un excelente perro guardián: estaba
siempre alerta, desconfiaba de los extraños
y no permitía que hombre alguno, aparte
de mí mismo, lo montase... Si los extraños
se le acercaban, hacía una buena advertencia
levantando la pata, echando hacia atrás
las orejas y demostrando que estaba listo para
morder... Gato era un caballo de carácter
muy distinto. Fue domado con mayor rapidez que
su compañero. Cuando descubrió que
los corcovos y todo su repertorio de aviesos recursos
para arrojarme al suelo fracasaban, se resignó
a su destino y tomó las cosas filosóficamente...
Mancha dominaba completamente a Gato, que nunca
tomaba represalias", relata Tschiffely.
"Mis dos caballos me querían tanto
que nunca debí atarlos, y hasta cuando
dormía en alguna choza solitaria, sencillamente
los dejaba sueltos, seguro de que nuca se alejarían
más de algunos metros y de que me aguardarían
en la puerta a la mañana siguiente, cuando
me saludaban con un cordial relincho".
Tschiffely
tuvo que resignarse a no llevar carpa, ya que
las que se podían conseguir por aquellos
tiempos eran muy pesadas.
Durante
el viaje cruzaron varias veces la Cordillera de
los Andes, y fue en esos cruces donde mayores
dificultades encontraron. Sobrepasaron los 5900
mts. s.n.m. (batiendo record de altura) en el
paso El Cóndor, entre Potosí y Chaliapata
(Bolivia) y soportaron temperaturas de 18°
bajo cero.
Recorrieron
21500 Km. distancia que separa a la ciudad de
Buenos Aires de Nueva York y conquistaron el récord
mundial de distancia.
El
viaje se desarrolló en 504 etapas con un
promedio de 46,2 Km. por día.
Decía
el Diario La Nación en su crónica:
"En Huarmey el guía no pudo más,
ni sus bestias. Los dos criollos Mancha y Gato
se revolcaron, tomaron agua y después se
volcaron al pasto con apetitos de leones. De Huarmey
a Casma, 30 leguas, calores colosales ¡52
grados a la sombra! sin agua, ni forraje, arena,
arena, arena. Los cascos se hundían permanentemente
de 6 a 15 pulgadas en la arena candente".
En la editorial del 23 de septiembre de 1928 quedó
patentado el logro: después de más
de tres años y cinco meses, Aimé
montado en Mancha, su fiel compañero (Gato
tuvo que quedarse en la Ciudad de México
al ser lastimado por la coz de una mula), logró
la hazaña: al llegar a la Quinta Avenida
de Nueva York llevaba en los cascos de su caballo
criollo el polvo de veinte naciones atravesadas
de punta a punta, en un trayecto más largo
y rudo que el de ningún conquistador, y
sobre su pecho, en moño blanco y celeste,
bien ganados como una condecoración, los
colores argentinos.
Más
de tres años después de haber salido
de Buenos Aires, Tschiffely arribó a la
capital de Estados Unidos el 22 de Septiembre
de 1928 ( 3 años, 4 meses y 6 días).
Al entrar en Nueva York por la Quinta Avenida
-cuyo tráfico paró en su homenaje-
la recorrió por entero hasta llegar al
Palacio Municipal donde los recibió el
Alcalde Mayor Walker, quien ante el Embajador
Argentino, Dr. Manuel Malbrán y otros personajes
le entregó la Medalla de Oro de la ciudad.
.
Mancha y Gato volvieron a sus añoradas
pampas (El 20 de diciembre de 1928 pisaron otra
vez suelo porteño). Años después
de culminada la travesía y de regreso en
Argentina, Aimé se llega un día
a la Estancia "El Cardal". Viene a visitar
a sus amigos, a quienes hace mucho que no ve,
y con quienes compartió tantos momentos
de alegría y sinsabores.
Se baja en la entrada de la estancia, lanza un
silbido y al momento se le acercan al trote Gato
y Mancha. Iban al encuentro de su preciado compañero.
Aquellos heroicos caballitos criollos no lo habían
olvidado.
Mancha y Gato murieron en 1947 y 1944, respectivamente.
Fueron cuidados hasta su muerte por el paisano
Juan Dindart, en la Estancia El Cardal. Hoy se
encuentran embalsamados, en exposición
en el Museo de Luján, Dr. Emilio Udaondo.
Aime Tschiffely, en tanto, siguió viajando,
por la Patagonia, por España y por Inglaterra,
pero siempre volvió a la Argentina. Falleció
en 1954, su último viaje lo realizó
44 años más tarde, cuando sus cenizas
abandonaron el cementerio de Recoleta y fueron
sepultadas en el campo que su amigo Solanet tenía
en Ayacucho.
El viaje final
"El jinete de América descansa con
sus amigos" Las cenizas de Aimé Tschiffely
reposan con las de Gato y Mancha.
AYACUCHO (De una enviada especial).- La historia
del jinete que al lomo de Gato y de Mancha recorrió
la geografía americana entre abril de 1925
y septiembre de 1928 para unir Buenos Aires con
Nueva York y demostrar la resistencia del caballo
argentino no quedó atrapada en las páginas
amarillentas de los libros y los diarios.
Aquel educador suizo que vivió su juventud
en Inglaterra y conoció las costumbres
por boca de Cunningham Graham, que trabó
amistad con los hombres de a caballo cuando llegó
a nuestro país y encaró el desafío
de recorrer 20 naciones de América, volvió
a reunirse con sus pingos a 70 años de
su hazaña.
Los restos de Aimé Tschiffely, fallecido
en 1954, fueron depositados ayer junto a la tumba
de sus entrañables Gato y Mancha, para
cumplir con su última voluntad.
El acto, realizado por iniciativa de la Asociación
de Criadores de Caballos Criollos y de la familia
Solanet, respondió a una carta escrita
por Violeta Hume, viuda del jinete, y descubierta
recientemente en el archivo de la estancia "El
Cardal". (nota de Analía Testa publicada
en el Diario "La Nación", el
22 de Febrero de 1998) .
Y por ello el Honorable Senado de la Nación
Argentina y la Cámara de Diputados, designa
el día 20 de septiembre de cada año
como el "Día Nacional del Caballo".
Se conmemora a partir de hoy el Día
Nacional del Caballo |